Una familia desestructurada es aquella que presenta una constante conflictividad y una permanente perturbación del grupo familiar (padre, madre, hijo/s). Una familia puede estar desestructurada por la ausencia de uno o ambos padres, por la confusión profunda de los roles en la familia por problemas de los progenitores (por ejemplo: un padre toxicómana al que su hijo tiene que cuidar), por patrones de conducta claramente desadaptativos o abusivos dentro del núcleo familiar.
La desestructuración familiar tiene graves consecuencias para en desarrollo psicológico, emocional, intelectual e incluso físico (si hay por ejemplo negligencia en la alimentación) del niño. Se ha relacionado la desestructuración familiar con fracaso escolar, depresión, conductas agresivas, etc.
El apoyo psicológico y la existencia de un contexto en el que el niño o adolescente pueda hablar sin tapujos y elaborar sus pensamientos y sentimientos es fundamental para proteger al niño de los potenciales riesgos para su desarrollo. Además puede ser necesaria la intervención de los Servicios Sociales.
